Luna
Camila Álvarez Ortega
ARTÍCULO /
ARTICLE Hacia una educación para la ciudadanía digital crítica y activa en la
universidad
Resumen: Partimos del modelo neo-republicano de
ciudadanía propuesto por Habermas para situarlo en el contexto de la era
digital. Se define al ciudadano digital como una persona que ejerce sus
derechos en internet de ciudadanía desde unos principios éticos y críticos
coherentes con un activismo político, con el fin de promover el cambio social.
Este estudio se ha centrado en la evaluación de la ciudadanía digital mediante
la Escala de Ciudadanía Digital de Choi, Glassman y Cristol (2017), con el
objetivo de constatar qué perfil, dimensiones y necesidades de ciudadanía
digital caracterizan al alumnado universitario entrevistado (n=250). Los
resultados manifiestan que los jóvenes universitarios tienen habilidades
técnicas y competencias digitales altas, así como un uso muy asiduo de los
medios digitales. Sin embargo, las dimensiones de enfoque crítico y activismo
político en internet o ciberactivismo resultan deficitarias.
Además, el hecho de buscar información o
informarse mediante medios digitales provoca significativamente un mayor nivel
de ciudadanía digital, mientras que la realización de actividades y tareas
académicas universitarias no aporta ningún incremento. En conclusión, el nivel
educativo universitario se enfrenta al reto de fomentar la educación para una
ciudadanía digital crítica y activa, especialmente en su dimensión de activismo
o implicación online en todos los aspectos del proceso de enseñanza
aprendizaje. Palabras clave: Neo-Republicanismo, Ciudadanía Digital, Educación
para la Ciudadanía Digital, Escala de Ciudadanía Digital, Ciberactivismo.
Introducción
Existe un debate contemporáneo en la filosofía política sobre el concepto de
ciudadanía que confronta dos modelos. Por un parte, el liberal, que entiende la
ciudadanía como un estatus o conjunto de derechos que el individuo posee y que
los ejerce en el contexto institucional en una negociación circunscrita a los
deberes cívicos de respetar los derechos ajenos y de obedecer la ley. Por otra
parte, la concepción republicana fundamenta la ciudadanía en el compromiso
activo en las instituciones y obligaciones hacia la comunidad, así la
participación se convierte en un valor o virtud inherente al ciudadano en su
triple condición de reflexiva, crítica y deliberativa (Quesada, 2008)
.
A John
Rawls se le considera el representante más relevante del «liberalismo
igualitario», mientras que Jürgen Habermas representa el máximo exponente del
neo-republicanismo o democracia deliberativa desde su teoría discursiva y
concepción deliberativa de la democracia. Ha sido el auge de esta última la que
ha propiciado que la educación para la ciudadanía se haya convertido en el tema
de nuestro tiempo (Rubio, 2007). Desde esta
últimaperspectiva teórica, la educación para
la ciudadanía no se puede reducir a una educación centrada en los conocimientos
de sus derechos, ni tan siquiera a una educación en la ciudadanía que se queda
en el civismo o comportamientos estrictamente correctos o de respeto mínimo al
otro. En este sentido, la teoría sociopolítica de Jürgen Habermas (1998)
considera a la escuela como parte de la sociedad civil, donde la educación para
la ciudadanía estaría basada en valores como la emancipación, el diálogo libre,
y el compromiso democrático y activo en la comunidad(Terrén y Fernández, 1999).
Así, la educación ciudadana tiene un carácter más ético que instrumental o,
dicho de otra manera, no es una mera educación cívica sino, más bien, una
educación para la ciudadanía activa y con valores, donde se vincula teoría y
práctica, visión crítica y compromiso responsable (De Paz, 2007)
De este modo Cortina (2006), resume en dos las características
esenciales de la ciudadanía, crítica y activa, que conciernen con la necesidad
de reflexionar sobre el «porqué», es decir, apropiarse de convicciones
racionales, dispuestas a dejarse criticar y a ejercer a su vez la crítica, y
con disposición a reclamar derechos y ejercerlos, a pechar con
responsabilidades y participar en la vida común. De esta manera, entendemos la
ciudadanía digital desde un enfoque bastante más amplio de cómo algunos textos
la tratan, al circunscribirla solo al buen comportamiento en el contexto de las
nuevas tecnologías, internet y los diferentes servicios que ofrecen. De igual
modo, compartimos la idea recientemente expuesta por la propia Cortina (2018),
que señala que ante los avances tecnológicos es importante la construcción de
una ciudadanía digital al servicio de las personas autónomas como el gran reto
de nuestra era.
Definiciones y concepto de Ciudadanía Digital La expresión
» «ciudadanía digital» (digital citizenship) se suele utilizar como
sinónimo de los términos «ciberciudadanía» (cybercitizenship) y «e-ciudadanía»
(ecitizenship). En numerosas ocasiones se la considera en gran medida un
aspecto de la «alfabetización digital» (media and digital literacy), y así
aparece en enciclopedias, manuales y planes de intervención (Khosrow-Pour,
2018; Yildiz and Keengwe, 2016; Hobbs, 2010), incluso algunos van más allá al
identificarlos completamente «la ciudadanía global y universal es sinónimo de
la alfabetización digital para todos»

En este sentido, encontramos algunas definiciones de ciudadanía digital
que podríamos considerarlas bajo el enfoque del modelo liberal como por ejemplo
«puede ser descrita como las normas de conducta apropiada y responsable con
respecto al uso de tecnología» (Ribble and Bailey, 2007, p. 10), o la que
entiende por ciudadano digital «el que aboga y practica un uso responsable,
legal y seguro de las tecnologías de las información y la comunicación y manifiesta
una actitud positiva hacia un aprendizaje permanente, productivo y colaborativo
de las tecnologías» (Isman and Gungoren, 2014, p. 73). Estas definiciones
reducen la ciudadanía digital a la alfabetización digital (digital literacy)
evitando una relación reflexiva y crítica con las posibilidades y oportunidades
que nos ofrece la comunicación electrónica.
El ciudadano digital ideal es un ciudadano activo, no solo un residente,
es un habilitador del cambio (Curran and Ribble, 2017), que desarrolla su propia
identidad o identidades en el mundo digital (Área, Borrás y San Nicolás, 2015;
Gleason and Von Gillern, 2018; Kim and Choi, 2018). Según Área et al. (2015, p.
19) «la identidad digital es una nueva forma de definirse a uno mismo, de
construir uno o varios Yo en la red», lo cual implica educar lo antes posible
en los riesgos y posibilidades de la red, el uso correcto y la gestión de la
propia identidad. En definitiva, enseñarles a gestionar bien los riesgos en
internet en lugar de evitarlos (Área et al. 2015; Curran and Ribble, 2017;
Smith, Hewit and Skrbiš, 2015). El debate sobre los diferentes modelos de
ciudadanía no se agota en este artículo y continúa vivo en la comunidad
científica dialogando con temas actuales como refugiados, diversidad cultural,
nacionalismos, feminismos o derechos humanos (Shachar, Bauböck, Bloemraad y
Vink, 2017).
En cualquier caso, la opción del modelo de ciudadanía neo-republicana
enmarca de manera idónea el enfoque de educación para la ciudadanía digital,
crítica y activa, que se ha considerado teóricamente y la escala de medida de
la ciudadanía digital que se ha aplicado en nuestro estudio de investigación
empírico.
Los
retos de la Educación para la Ciudadanía Digital (ECD) La actividad en internet
normalizada en la vida de los jóvenes nativos digitales facilita su
participación, producción de conocimientos y aprendizaje y creación de apoyo
social de los diversos colectivos (Gleason and Von Gillern, 2018;
González-Patiño and Esteban- Guitart, 2014). Area et al. (2015), caracterizan a
los jóvenes millennials como equipados tecnológicamente, multitarea, con móvil,
interactivos, tecnológicamente emancipados, autónomos, que se divierten en lo
digital, que necesita relacionarse con los demás y expuestos a nuevos riesgos.
Frau-Meigs, O`Neill, Soriani and Tomé (2017), analizan 62 prácticas de
ECD en más de 40 proyectos desarrollados en Europa, Estados Unidos y Canadá,
encontrando las siguientes tendencias: más de la mitad de los proyectos eran de
financiación totalmente pública, el sistema educativo formal constituye el
escenario principal para las prácticas de ECD siendo los implicados más
frecuentes alumnado y profesorado,
seguidos de cerca por el sector civil y los
padres. Los tópicos de ciudadanía digital más habituales en dichos proyectos
fueron la alfabetización en los medios y la información (72%), los derechos y
responsabilidades (66%), privacidad y seguridad (60%) y ética y empatía (55%).
Otros tópicos también frecuentes fueron la solidaridad, la defensa pacífica de
derechos, estrategias y habilidades técnicas, conocimiento y comprensión
crítica. Las buenas prácticas en ECD responden a necesidades identificadas y
concretas (Aristizábal y Cruz, 2018; Blevins, LeCompte and Wells, 2014; Gleason
and Von Gillern, 2018; Hepburn, 2012; Kim and Choi, 2018; Maier, 2012),
combinan actividades en el mundo digital con actividades en el contexto local
(Gleason and Von Gillern, 2018; González-Patiño, Esteban-Guitart y San Gregorio
2017), se incorporan en diversas áreas curriculares ( Gleason and Von Gillern,
2018; O`Brien, 2010; Xu, Yang, MacLeod and Zhu, 2018) y permiten prácticas
productivas de educación híbrida con aportaciones desde diversos contextos y
culturas alrededor del planeta (Pedersen, Nørgaard and Köppe, 2018).
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Un buen ciudadano
digital sabe |
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Robótica
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actualidad |
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